Monday, July 31, 2006

 
box: EL SECOND ES QUIEN LLEVA EL BALDE, TAMBIÉN VA EN EL BALDE, ¿QUIÉN VA EN BALDE? ¿DÓNDE ES LA PELEA? psst... ¿en serio?

El segundo día de la creación las aguas fueron separadas, tiempo después, el segundo día de la Expolibro cayó sábado, y mi sentido de la reivindicación, me condujo hacia el recinto ferial literario, allá muy cerca del río Guayas.
Hubo más gente y ya avisado de lo que encontraría, pude mejorar mi visión y conseguir uno que otro descuento que me pasaron desapercibidos el día inaugural, especialmente en Paradiso. Los dependientes, en general, también se mostraron más comunicativos, hay que comprender sus cansancios, para qué amargarse. Total, aun con la resignación de notar que no hallaré aquí Zama de Di Benedetto, sí pude embelesarme con un curiosamente poético libro de divulgación científica juvenil: Las Matemáticas, una de las Bellas Artes (sigloXXI editores), encontrada en el stand de Trama; asimismo en Edidab me entretuve algún tiempo, tanto que se me pasó asistir a la lectura de poemas de los exponentes de la Casa de Cultura, con la asistencia de Cazón Vera, entre otros. Sí pude, sin embargo, ya cerrado el acceso al recinto, quedarme a presenciar el perfomance poético y musical del grupo Buseta de Papel. Todos ellos, excepto el colorido dj Andrés León, vestidos en tonos grises y negros, y con semblantes un tanto más serios que otras veces en que he visto sus aportes culturales. En esa tónica, su portavoz, de rojo y negro, Solange Rodríguez, empezó apuntando alegóricamente como el “bus” cultural que ellos manejan ha soportado intentos de quebraduras de vidrios y del espíritu, entre otras contrariedades, que casi detienen su marcha, y mientras lo decía, yo recordaba aquellos días cuando los choferes querían subir los pasajes y los estudiantes les quemaban los buses. Creo que no es para tanto, y al final de cuentas, las heridas sufridas son siempre un buen equipaje para armar obras literarias. El meollo del evento era el perfomance, pero ellos prefirieron empezar con lecturas breves de cada uno de los integrantes, si no estoy equivocado una docena, lo cual llevaría su tiempo. Y es que escuchar o escribir poesía no es lo mismo que leerla. Textos más transgresores, con imágenes sexuales, como los de Luis Bravo y Jorge Osinaga, ante la brevedad y lectura no tan convencida, se quedaron cortos para la idea que intentan desarrollar. Un espectador, sentado cerca de mí, dijo: ‹‹parece que cuentan cachos››. Tomado el comentario sin malicia, es un estilo por trabajar. Por su parte, Augusto Rodríguez, Tyron Maridueña y Carolina Patiño eligieron textos más probados; mientras que la joven dragón Solange, que además es la más teórica del Grupo, mostró fuego y la coherencia acostumbrada, en su poema sobre las malas personas que solidifican el ambiente. Mención especial para el ensamblaje de lenguaje que mostró Andrés León, quizá, a mi gusto, se excedió en unos tres versos, pero esa es solo mi percepción. No le conocía otros textos y sin duda despertó curiosidad, pues manejó con soltura los ritmos. Entonces sí, a lo que fuimos, el performance. Las luces no ayudaron, pues el brillo excesivo opacaba la nitidez de la pantalla donde se proyectó el poema colectivo audiovisual, no sé de quién dependerá que las proyecciones salgan como se debe, pero debo achacarlo a la organización. Con apagar unas luces se solucionaba todo, nadie iba a gritar mucho. Pero el que sí se ayudó en sí fue el poema colectivo, desde la declaración del poema inicial de estar en pedazos, los loops añadidos (creo que así se llaman), el ambiente electrónico en el sonido dieron una buena sensación a este sencillo ejercicio, como dejando claro que han repasado los libros sobre las etapas de la vanguardia en el arte. Sin ningún exceso de figuración algunos textos de sus integrantes cruzaban por la pantalla, donde los más climáticos fueron las enumeraciones políticas de Miguel Antonio Chávez, y el entresijo de los hombres y mujeres pequeños (bre-mu-hom-jer), de Luis Bravo. Lo cual no quiere decir que el resto de textos del audiovisual desentonaron. Al igual que aquel documental bien logrado de La Casa de las Iguanas (al que se le imputa un ataque a la Buseta, y que volverá a exhibirse en unos días), es digno de repetirse para apreciarlo y juzgar mejor. Y así, tras un cambio de luces semáforo, se acabó el viaje colectivo en la pantalla. Quiéranlos o no, allí anda la Buseta.

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